«Hecho es mejor que perfecto»: La mentira que los verdaderos artesanos jamás se creen.
(Intro) Te han vendido «Done is better than perfect» como un mantra de productividad. Es la coartada perfecta para la mediocridad.
Lo has leído en pósters de startups y en posts de LinkedIn de «gurús» que no han construido nada que merezca la pena. Se ha convertido en el mantra sagrado de la cultura de la prisa, la excusa para justificar un trabajo a medias, una app con fallos o un servicio mediocre.
Nació como un antídoto contra la parálisis por análisis, y en eso tenía un propósito noble. Pero se ha corrompido.
Es una mentira peligrosa. Los verdaderos artesanos, los profesionales que se toman su oficio en serio, jamás se la han creído. Porque entienden una verdad mucho más profunda: El trabajo que lleva tu nombre es un legado, no un ítem tachado en una lista de tareas.

1. La calidad no es una variable, es el punto de partida.
La frase crea una falsa dicotomía. Enfrenta la acción con la calidad, como si fueran enemigas. Te obliga a elegir.
Un artesano nunca elige. Para él, la calidad no es el objetivo final; es el punto de partida. El estándar mínimo no negociable. Su debate interno no es si hacerlo «hecho» o «perfecto». Su lucha es si su trabajo está a la altura de su propio estándar de impecabilidad.
- La cultura del «done» te empuja a lanzar un Producto Mínimo Viable (MVP).
- El artesano busca lanzar un Producto Mínimo Admirable.
Un MVP puede ser una silla coja que «valida la hipótesis de que la gente se quiere sentar». Un Producto Mínimo Admirable es un taburete de tres patas, simple, sin respaldo, pero hecho de una madera increíble, con uniones perfectas y un acabado impecable.
Ambos están «hechos». Solo uno construye una marca.
«¿Estás dispuesto a firmar con tu nombre eso que acabas de dar por ‘hecho’? Si dudas un solo segundo, la respuesta es no. No está hecho. Vuelve al taller.»
2. Tu reputación es la única métrica a largo plazo.
El culto a la velocidad está obsesionado con el corto plazo: lanzar rápido, iterar rápido. El artesano juega a un juego infinito.
Su principal métrica es su reputación. Y la reputación es la suma de cada pieza de trabajo que ha salido de su taller. Cada «hecho» es un ladrillo en ese edificio. Un solo ladrillo de mala calidad puede comprometer la estructura entera.
Cuando priorizas «hecho» sobre «excelente», estás optimizando para el ahora a costa de tu mañana. Estás diciendo: «Este atajo no se notará». Pero se nota. Se nota en la confianza del cliente, en la calidad de los testimonios y en el tipo de proyectos (baratos) que atraes en el futuro.
Tu trabajo es tu embajador más poderoso. Enviar a un embajador mal vestido y que tartamudea en nombre de la «velocidad» es un acto de sabotaje estratégico.
Redefine «Hecho»
Esto no es una llamada a la parálisis. Es un manifiesto por un estándar más alto.
La frase real debería ser: «Un trabajo impecablemente ejecutado es mejor que una obra maestra imaginaria».
El mundo no necesita otra newsletter escrita con prisa u otro curso online a medio cocer. El mundo está ahogado en un mar de «hecho». Lo que anhelamos, lo que valoramos, aquello por lo que pagamos un premium, es el trabajo que demuestra cuidado. El trabajo deliberado.
Ese es el trabajo de un Artista Estratega. Ese es el estándar en El Laboratorio. El resto es solo ruido.
¿Sientes que tu negocio se ha llenado de tareas «hechas» pero mediocres? En la Trastienda comparto mis sistemas para mantener el estándar alto sin perder la cabeza.